Y me preguntó que si lo extrañaba. Sus ojos de duda inundaron mi alma, desnudándola... permitiendo que las palabras brotaran en el aire y se perdieran en el silencio.
—Me extraño más a mí de lo que puedo extrañar a nadie más. —Acepté.
—Eso quiere decir qué tú no…
—Eso quiere decir que soy lo suficientemente precavida para no exponerme... Y valiente, para afrontar los golpes directos, las heridas que duelen, las verdades que sangra... Sí, te extraño. —confesé liberándome de mis ataduras.
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