miércoles, 13 de julio de 2016

Maktub




PARTE 1


—Pero yo se lo dije a tu sobrino, Ángela, acuérdate. Yo le advertí que no lo hiciera, que no se enamorara de esa muchacha porque empezaría riendo y terminaría llorando. 

—Así es, mi querido Manuel, se lo dijiste: un hombre inteligente nunca se enamora, pero este muchacho es necio y uno no puede ser inteligente toda la vida —respondió tía Ángela—. Ya se le pasará, sólo dale tiempo y se le pasará, porque siempre pasa…

—¡Tonterías! Lo que necesita es juicio y no tiempo. El tiempo es para cobardes, para los que se ocultan entre los minutos, segundos y semanas buscando olvidar… y así no se olvida, Ángela, así no se olvida. Se olvida con valor, con decisión y sobre todo con un don maravilloso llamado voluntad. Y la voluntad no lo da el tiempo, la da el alma. Pero míralo, tan sólo míralo, está ahí como un inútil; tonteando con los recuerdo que le quedaron, como si con eso se fuera a llenar… pero no hace más que perder el tiempo. El tiempo no vuelve, nunca vuelve. Y esa prepago tampoco. Yo se lo advertí, le dije “Te hará reír, pero estate preparado porque también te hará llorar…”

—Es verdad, Manuel, se ríe y se llora por amor… y también se tiene permitido odiar, pero primero se ríe. Así que ya déjalo, que sufra en silencio.

Tío Manuel negó con la cabeza, “Ese muchacho no tiene remedio”, sentenció entre dientes con cierta diversión, pero no dije nada, después de todo tenía razón… Y honestamente, estaba de acuerdo con tía Ángela, prefería sufrir en silencio. En el recóndito lugar de mi mente, donde me permitía lamentarme, por lo que había hecho, y por lo que no…

—Ya que tu sobrino no tiene permitido fumar, lo haré por él…

—Haz lo que te plazca, después de todo siempre lo has hecho a tu manera…

El tío sonrió, encendió la cazoleta de su desgarbada pipa de madera y le dio una calada profunda buscando inundar sus enfisematosos pulmones cuanto pudo, tratando que el tabaco llegara a lo más profundo de su ser… tratando que el tabaco fuese bálsamo para la vieja herida que acababa de abrirse dentro suyo al verme sufrir.

Al recordarse sufriendo una vez…

Amores pasados, le dicen unos, porque la única razón por la que yo no callaba al tío Manuel, era porque más dañado que yo estaba él…


—Qué sabe de la vida… aquella persona que no ha tenido que odiar lo que más amaba…


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